II Jornadas Católicos y Vida Pública Cuenca

El día 16 de abril tuvo lugar la primera sesión de las II Jornadas Católicos y Vida Pública celebradas en Cuenca, bajo el título ‘La familia, esperanza para el mundo’, en el Centro Cultural Caja Castilla-La Mancha. Introdujeron las Jornadas el obispo de la diócesis de Cuenca, monseñor José Yaguas Sanz; Antonio Rendón-Luna y de Dueñas, secretario general de la ACdP, Juan Caamaño Aramburu, secretario nacional para la Nueva Evangelización y director de las Jornadas Católicos y Vida Pública, los cuales reflexionaron acerca de la familia actual de hoy.

Afirmó en este sentido, Caamaño que “los cristianos no hacen lo suficiente para fomentar la familia, muchas veces por vergüenza, y debería de dejarse la vergüenza de lado. Por su parte, Antonio Rendón-Luna y de Dueñas, añadió que las familias de hoy en día están padeciendo cambios, como el aumento de familias mono parentelas, relaciones antes del matrimonio, o el descenso de la natalidad.  Actualmente, se sufre una gran crisis moral, si queremos cambiarlo habría que empezar por la familia. En esta sociedad moderna tanto bienestar y consumismo hacen que se deje de lado la generosidad y sacrificio por el otro. Por primera vez se ha roto el tríptico matrimonio, familia, vida”, señaló.

Por su parte, monseñor Yanguas, comentó que “la idea que se tenga del matrimonio y de la familia depende también el concepto de hombre, pues son concepciones que van ligadas. En esta sociedad actual se prima la libertad y la satisfacción del ego, y de ahí el egoísmo. La familia es la clave para curar esta sociedad”.

Tras la presentación de las Jornadas se dio dado paso a la primera conferencia: ‘La familia como bien social’ cuya ponente fue la Dra. Ainhoa Uribe Otalora, que fue presentada por Alberto García Coronado, delegado diocesano de Juventud y de Pastoral Universitaria. Uribe habló del modelo de familia en cuatro países muy diversos entre sí; Estados Unidos, “el primer país donde comenzó a cambiar el concepto de familia tradicional debido a la incorporación de la mujer al mercado laboral y al movimiento hippie de los años 60, y donde comienzan a darse cuenta ahora de la importancia de la familia en la sociedad. Se ha demostrado que en las familias estructuradas los hijos al llegar a la adolescencia tienen menos probabilidades de caer en el consumo de alcohol, drogas o tabaco”. En Finlandia, que, según dijo, es “el país europeo con tasas más altas de divorcios, también se han realizado estudios al respecto viendo el latente problema en la sociedad que éstos generan, llegando incluso a intentar tomar medidas sociales al respecto como una semana de vacaciones del amor para matrimonios donde peligra la continuidad, en un claro intento de solucionar el problema familiar”.  También habló del modelo familiar de Japón, “un país envejecido, donde en 2060 un tercio de la población desaparecerá, lo cual será insostenible para su economía”.

Y terminó hablando sobre España, “donde ha habido una idealización  de tres conceptos: libertad, felicidad, amor. Paradójicamente, actualmente que es cuando más se ha idealizado el amor y el romanticismo, más rupturas hay. El amor va unido a momentos pasajeros de frustración. Esto lleva a rupturas e infidelidades, porque la felicidad nos la meten por todos lados en los anuncios, en la televisión y nos hacen creer que tenemos que estar constantemente cambiando todo”. ¿Qué podemos hacer nosotros como católicos? Podemos hacer que la idea de familia esté en la agenda política. Se puede utilizar una herramienta muy potente: la palabra. La profesora cerró su conferencia con una frase: “Tener un lugar a donde ir se llama hogar, tener personas a las que amar se llama familia y tener ambas cosas se llama bendición”.

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El segundo día de Jornadas, viernes 17 de abril, comenzó con la conferencia “La transmisión de la fe en la familia”, impartida por Carmen Sánchez Maíllo, profesora de Teoría del Derecho y Secretaria Académica del Instituto de Estudios de la Familia en la Universidad CEU San Pablo. La ponente fue presentada por José María Alcázar Aranda, Delegado Diocesano de Familia y Vida.

Carmen Sánchez Maíllo comenzó su ponencia hablando de su propia visión de la familia, y de la ilusión con la que ha preparado su intervención en las jornadas, y cuánto le ha hecho pensar y reflexionar. Al igual que los ponentes del día anterior, Carmen dijo que la familia es el primer lugar en que las personas tienen contacto con el mundo y donde desarrollan sus valores y creencias. Añadió que el acto educativo es una relación entre educado y educador, y la transmisión de ciertos valores no pueden llevarse a cabo nada más que en la familia. Reflexionó sobre cómo todos nosotros queremos ser felices, y la familia es fundamental pues es el primer sitio donde compartimos esta felicidad y donde se nos educa y orienta en nuestra formación de forma que podamos alcanzar esta buscada felicidad.

La sociedad actual no es educadora y los padres pueden tener miedo por sus hijos y temor a educar a contracorriente, sin embargo Carmen animó a que los padres no teman, y frente a esta dificultad los hombres tienen un aliado, que es el corazón, pues en nuestros corazones hay una exigencia de verdad, justicia y belleza. La belleza tiene que ser observada para que de pie a podernos preguntar quién creo todo esto, y sentir gratitud por ello. Es fundamental transmitir a nuestros hijos la capacidad de observar la belleza de la naturaleza, disfrutarla y apreciarla. Y es que la observación y valoración de la belleza transmite un sentido religioso. Los padres dan la vida en un doble sentido, en un sentido biológico y en el sentido de transmitir esperanza, y los padres tienen que encargarse de esto último con especial atención.

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Las Jornadas finalizaron con el Acto de Clausura de estas Jornadas, en el que Juan Caamaño Aramburu, Antonio Fernández Ferrero y Andrés Ramos Castro agradecieron a todos los participantes, a todos los ponentes y a todos aquellos que han organizado estas segundas Jornadas bianuales en Cuenca su participación y tiempo, y expresaron cuánto habían disfrutado y cuánto les habían gustado, además de apuntar y recordar que “ante esta crisis de valores actual no nos debemos dejar sucumbir por la falta de esperanza, sino todo lo contrario, que los católicos debemos seguir luchando, que no nos dejemos impregnar por el relativismo existente, que no dejemos que nos invada la sensación de estar perdiendo el tiempo y que no dejemos nunca que caiga un muro de silencio ante cuestiones tales como el aborto, la familia o la fe“.

Para terminar se celebró Santa Misa en la Iglesia de San Esteban, presidida por el Vicario General, y así se dieron por finalizadas estas Segundas Jornadas Católicos y Vida Pública en la ciudad de Cuenca.

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