El Congreso Católicos y Vida Pública, organizado por la Asociación Católica de Propagandistas y la Fundación Universitaria San Pablo CEU, ha iniciado su 23 edición con una conferencia del filósofo y portavoz en el Parlamento Europeo del Partido Ley y Justicia, Ryszard Legutko 

En su intervención, ha abordado la cuestión de la corrección política en lo que afecta al proyecto, funcionamiento y propósitos de la Europa comunitaria. Detecta en las instituciones de la UE un afán de ingeniería social. “Tratan de reestructurar toda la sociedad” con instrumentos creados para “generar esa nueva sociedad”.  

A esta realidad, que califica de “intrusiva”, le añade un plus de ilegitimidad: “650 eurodiputados deciden sobre mi país sin ser responsable ante sus electores”. En este sentido, considera que, en muchas ocasiones, los parlamentarios europeos toman decisiones sobre “asuntos en los que no son competentes” 

Legutko ha descrito cómo, de la mano del igualitarismo, el neomarxismo y el liberalismo, la corrección política ha pasado a “ser una parte integrante del proceso europeo”.  

La omnipresencia de lo políticamente correcto en las instituciones de la UE cobra gravedad creciente en tanto que ya no es “la operación de lenguaje” que fue al principio. Actualmente, opera una “cultura de la cancelación” del discrepante, lo que da lugar a la paradoja de que una sociedad que se presenta a sí misma como plural, inclusiva y tolerante “está llena de discriminación, injusticia, intolerancia y odio”.  

Legutko ha incidido en esta contradicción: “la lista de enemigos señalados es más larga que la de la Unión Soviética. En este mundo supuestamente libre, tolerante y plural, cada semana surge un nuevo grupo de enemigos”.  

Corrección política y cancelación van de la mano 

Previamente a la conferencia del eurodiputado polaco se ha celebrado el acto de inauguración del Congreso. Estas reflexiones previas han servido para enmarcar las ponencias y coloquios que tendrán lugar a lo largo de todo el fin de semana.  

El mensaje ha subrayado la conexión indisoluble entre la corrección política y la cultura de cancelación, que apunta a la eliminación del debate de las ideas discordantes. En primera fila de ellas está el cristianismo, que “es ya políticamente incorrecto”, ha asegurado el director del 23 Congreso Católicos y Vida Pública, Rafael Sánchez Saus. Éste se ha referido a lo políticamente correcto como la “megaideología de nuestro tiempo”. Se compondría de “un conjunto de ideas dispersas, débiles desde el punto de vista intelectual, unidas por la negación de la trascendencia”. 

Precisamente, en la negación de la dimensión trascendente del hombre está “la raíz del totalitarismo moderno”, ha observado el nuncio del Vaticano en España, Mons. Bernardito Auza. Al tratar de eliminar aquello que hace al hombre “sujeto natural de derechos”, la corrección política pone a las libertades en peligro, convirtiéndose en una dictadura ideológica frente a la que no se puede estar de brazos cruzados”. Lo políticamente correcto, había afirmado anteriormente, “tiene el riesgo de convertirse en el Gran Hermano de Orwell”. 

El presidente de la ACdP y del CEU, Alfonso Bullón de Mendoza, ha puesto el foco en la presencia del problema en la actualidad de nuestro país. Desde su punto de vista, una de las consecuencias más notables de la corrección política es la cultura de la cancelación. Esto se demuestra en medidas como la reciente reforma penal por la que se puede llegar a castigar hasta con penas de prisión a los participantes en grupos de información y oración que se reúnen frente las clínicas en las que se practican abortos. También ha alertado de los peligros que entraña la cultura de lo políticamente correcto para la “cohesión de los católicos”.  

Bullón considera que la corrección política es hoy una “gran amenaza para los católicos”. Lo ve de forma parecida el consiliario nacional de la ACdP y arzobispo emérito de Burgos, Fidel Herráez“Es un paso más hacia un nuevo dogmatismo. Se sitúa a la concepción cristiana de la persona y de la vida como parte de lo políticamente correcto”. Todo ello forma parte de un “colonialismo cultural” del que Europa es origen y “primera víctima”.

 

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