Rafael Sánchez Saus lleva varios meses a caballo entre Cádiz y Madrid, entre su docencia en la Universidad de Cádiz, como catedrático de Historia Medieval, y la dirección del 21º Congreso Católicos y Vida Pública, que se celebra en la Universidad San Pablo CEU del 15 al 17 de noviembre. Profundizar en la libertad de educación y en el derecho a elegir centro educativo, que es el tema del Congreso, le ha servido para comprobar la enorme riqueza que hay en la enseñanza en España y el esfuerzo de sus profesionales, pero también para aumentar su preocupación por el monopolio político de la educación y la restricción de libertades a las familias. Este historiador, miembro de la Real Academia de la Historia, autor de una decena de libros y ex Rector de la Universidad CEU San Pablo, reivindica el papel de la Iglesia en la sociedad y su aportación a la educación. «Para mí, como profesor, siempre ha sido muy importante recordar que Cristo era un maestro y que la primera escuela católica fue Cristo con sus discípulos», manifiesta. En esta entrevista, Rafael Sánchez Saus explica la importancia de este congreso, no sólo para los católicos, sino para la sociedad en su conjunto, porque trata derechos y libertades.

P.– Hace años que el Congreso Católicos y Vida Pública centró sus debates y ponencias en la educación. Ahora vuelve a cobrar protagonismo ¿Por qué la educación de nuevo?

R.– El año pasado, la Asamblea de la Asociación Católica de Propagandistas eligió la libertad de educación como tema del año, y eso ha hecho que todos los esfuerzos de la asociación se hayan centrado en un mismo objetivo. En ese contexto se inició una campaña de concienciación sobre la importancia de la libertad de educación y que va a desarrollarse a lo largo de cuatro años. A la hora de configurar el congreso de este año nos pareció que era un tema de suficiente entidad para ser abordado en un congreso. Pero, además, ha coincidido en el tiempo con la intención del Gobierno de Pedro Sánchez de sacar adelante una ley de educación que amenazaba la libertad de educación en España, ya de por sí precaria. En la educación nos jugamos el futuro, pero los católicos también nos jugamos la transmisión de la fe. Para nosotros es un asunto de máxima importancia.

P.– Dice usted que el proyecto educativo socialista amenaza una libertad de educación ya de por sí precaria. ¿Cree que en la actualidad está amenazada?

R.– La libertad de educación está muy tocada y estamos viviendo momentos decisivos al respecto. El peor de los problemas es que la propia sociedad no valora suficientemente la libertad de educación. Y sobre eso se actúa con proyectos cada vez más elaborados de verdadera expropiación de la educación a la sociedad y que parten del interés político y de la manipulación política. Creo que debemos estar muy alerta de esos propósitos.

P.– El Congreso va a celebrarse a los pocos días de las nuevas elecciones generales. ¿Influirá el resultado de las urnas en su desarrollo?

R.– En la configuración y la orientación del Congreso no, desde luego, porque llevamos muchos meses trabajándolo con independencia de quién esté en el Gobierno. Y, además, lamentablemente no parece que la educación vaya a ser un asunto importante en la campaña electoral. Pero, sin duda, para los participantes en el Congreso serán importantes los resultados que salgan de las urnas. En cualquier caso, los asuntos que vamos a tratar están por encima de unas elecciones concretas porque tienen mucho más largo recorrido.

P.– ¿Le parece que los partidos políticos deberían prestar más atención a la educación?

R.– A la educación sí le han prestado atención, pero sólo como objeto de interés político y para llevar a cabo una conformación ideológica de la sociedad. La educación se ha ido convirtiendo en un quasimonopolio del Estado y de las Administraciones Autonómicas, que son entes controlados por los partidos políticos y que han querido modelar la educación que reciben los niños. Se ha ido interiorizando en la sociedad que el único responsable de la educación es el Estado y las sucesivas políticas han ido limitando el papel de las familias y de otros actores sociales, entre los cuales puede estar la Iglesia. Esto se ha ido haciendo de manera progresiva y cada vez más intensa, hasta el punto de que hoy es vista con enorme hostilidad la libertad de educación que deberían tener los padres y otros agentes que son parte de la sociedad.

P.– Uno de los argumentos recurrentes para confundir el sentido de la libertad de educación es que ‘quien quiera esa libertad, que se la pague’. ¿Tiene la obligación el Estado de garantizar la libertad de Educación en igualdad de condiciones para todos los ciudadanos?

R.– Ése es el problema: que ha calado en gran parte de la sociedad, especialmente en los sectores más ideologizados por la izquierda, que el hecho de que unos padres quieran una educación diferente a la que proporciona el Estado es un capricho particular, igual que si se quiere comprar un coche más grande o se quiere ir de vacaciones a las Seychelles. Que se lo paguen. Es una distorsión total del sentido de la libertad de educación. Pero, claro, para que eso ocurra es preciso que antes se haya producido una apropiación por parte del Estado, muy bien publicitada, de la gestión de la educación en todos sus aspectos. De esa manera, todo lo que queda fuera de eso es un plus que los padres tienen que pagarse, naturalmente después de haber estado pagando sus impuestos. Esa mentalidad que impera en España no se da en otros países con un nivel de participación social mayor y con un sentido de la responsabilidad social mayor.

P.– La propia Declaración Universal de los Derechos Humanos proclama el “derecho preferente de los padres a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”.

R.– Exactamente. Si una familia paga impuestos, tiene derecho a la educación que desee para sus hijos. El derecho lo tiene la persona. Eso en España se niega y se da por hecho que el Estado es un ente neutral capaz de dar la educación que todo el mundo precisa y, si alguien quiere completarla o darle otra orientación, es asunto suyo y tiene que pagarlo. Es un atentado a la libertad de educación de la familia.

P.– Cuando hablamos de libertad de elegir sin tener que pagar pensamos, sobre todo, en los colegios privados sostenidos parcialmente con fondos públicos, que son los centros concertados. ¿Va a dedicar el Congreso especial atención a la enseñanza concertada?

R.–No específicamente en las ponencias plenarias, pero seguro que sí en los talleres de trabajo de los congresistas. No obstante, no se trata de hacer sólo una defensa de la educación concertada porque la libertad de educación no se garantiza sólo con la dotación de fondos públicos; la libertad de educación es un reto dentro de la propia educación estatal que, a veces, no respeta el derecho de las familias. Sin ir más lejos, pensemos en el problema lingüístico en algunas comunidades de España. Lo que vemos es que progresivamente se ha ido recortando la libertad de las familias y de otros agentes tradicionalmente interesados en la educación y que han hecho grandes aportaciones a ella, como la Iglesia. Vamos viendo cómo se les arrincona y cómo los políticos se van haciendo con el monopolio de la educación.

P.– Aterrizando en el Congreso, ¿cómo ha sido concebido? Va a dedicarse gran parte del mismo a talleres de debate sobre diversos temas vinculados a la libertad de educación. Es una novedad respecto a congresos anteriores, ¿verdad?

R.– Sí, además de las conferencias plenarias, se han programado una serie de talleres concretos para favorecer la participación activa de los congresistas: pueden exponer sus opiniones y debatir, pero también pueden implicarse más aún presentando comunicaciones. El público al que nos dirigimos, que es la comunidad educativa, tiene un alto grado de implicación y de participación que no va a ir a un congreso sólo a sentarse y escuchar conferencias por muy interesantes que puedan ser. En un congreso dedicado a la educación no podemos desaprovechar el caudal de experiencia y de conocimiento que hay en el propio sector educativo. Nos pareció que el trabajo por talleres serviría para recoger mejor la realidad de la educación.

P.– Quien lo desee, entonces, podrá ser parte activa del Congreso mediante la presentación de comunicaciones.

R.– Para nosotros son muy importantes las comunicaciones porque van a enriquecer el debate y el trabajo del Congreso. Se trata de que estén relacionadas con los temas de los talleres porque es en ellos donde serán leídas y discutidas. Éstos se abordarán desde los fundamentos jurídicos y morales de la libertad de educación y la forma en que las familias pueden defender ese derecho, a cuestiones más concretas que nos preocupan, como la ideología de género en las aulas, la educación especial, o la disparidad territorial a la hora de garantizar la libertad de educación de las familias, un asunto que en Actualidad Docente conocéis muy bien por el Observatorio que habéis puesto en marcha.

P.– ¿Cómo debe proceder quien esté interesado en presentar una comunicación?

R.– Lo más fácil es que sigan las instrucciones de la página web. El plazo de presentación termina en los próximos días y, aunque ya hay bastantes, animo a todos los interesados a que presente la suya. Tener la posibilidad de exponer aquello que uno piensa en relación con una cuestión concreta de la educación ante un público particularmente escogido, y tener garantizado que se va a hablar de su comunicación, es una oportunidad verdaderamente interesante. Además, todas las comunicaciones que se presenten serán publicadas en las actas del Congreso.

P.– Se ha elegido la figura del cardenal Robert Sarah para hacer la presentación oficial del Congreso una semana antes. ¿Por qué el cardenal Sarah?

R.– Eso fue lo mismo que él me preguntó a mí cuando fui desde España a hacerle la petición, y éstas son las razones que le expuse: estamos ante un congreso de católicos, pero que aborda un tema que afecta a toda la sociedad y no sólo a los católicos. Nosotros queremos darle la dimensión espiritual que el asunto tiene; para los católicos la libertad de educación no sólo es una cuestión que reconocen todas las sociedades libres y que reconoce la Declaración de los Derechos Humanos y la Constitución Española. La educación es algo que está en el origen mismo de la Iglesia. Para mí, como profesor, siempre ha sido muy importante recordar que Cristo era un maestro. La primera escuela católica fue Cristo con sus primeros seguidores, llamados discípulos por algo; ahí nació la educación católica y cómo debía ser orientada. Por eso en el Congreso queríamos que alguien especialmente indicado nos diera esa dimensión honda y espiritual de lo que debe ser la educación católica, para no centrarnos sólo en hablar de derechos y normas por muy importantes que sean. Porque si los católicos estamos reclamando libertad de educación, es por eso mismo. El cardenal Sarah, que tiene una extraordinaria personalidad, entendió perfectamente esta intención y la hizo suya. Estamos muy contentos de que haya aceptado nuestra invitación.

P.– Habrá quien les tache de oportunistas porque la presentación del congreso vaya a realizarse casi en vísperas de la jornada de reflexión electoral.

R.– La verdad es que el Congreso de Católicos y Vida Pública tenía su fecha fijada desde mucho antes de la convocatoria electoral y, además, tradicionalmente siempre se ha hecho su presentación pública una semana antes de su celebración. En cualquier caso, la fecha de la presentación de este año a cargo del cardenal Robert Sarah también fue designada antes de que se supiera que iban a repetirse las elecciones.

P.–¿Por qué el Congreso Católicos y Vida Pública lleva asociado un congreso juvenil?

R.– El Congreso de Católicos y Vida Pública tiene en su esencia el compromiso con la evangelización, pero también el compromiso con la vida pública. Creemos que hay que concienciar a los jóvenes desde muy pronto en que el mundo tiene problemas y que los cristianos estamos en él para ayudar a resolverlos. Sabemos que los jóvenes de 16-17 años, por sí mismos, si no se les da el marco adecuado, no se van a interesar por un congreso de estas características; de ahí el congreso juvenil asociado.

P.– El Congreso Católicos y Vida Pública de este año es el primero que usted dirige. ¿Qué ha supuesto para usted personalmente?

R.– El tópico de que ha sido todo un reto es cierto. Pero, sobre todo, la organización del Congreso ha sido para mí un redescubrimiento de lo que significa el CEU. Yo, que fui rector de la universidad San Pablo CEU hace 10 años, he vuelto a constatar la calidad de la gente del CEU, tanto desde el punto académico como humano. No conozco nada semejante: cómo se dejan la piel, además con un estilo y un saber hacer extraordinario. Por otro lado, desde el punto de vista del tema que abordamos, es un enorme privilegio ver de primera mano la enorme riqueza de la gente que se dedica a la educación, la generosidad de los planteamientos, la lucidez… A veces hablamos de la educación de una manera frívola, la criticamos sin saber, y es mucho el talento que hay.

Fuente:  Actualidad Docente. Por Paloma Díaz Sotero