Rafael Sánchez Saus, director del Congreso Católicos y Vida Pública, habla con el Boletín de la ACdP  acerca del evento que tendrá lugar los próximos 15, 16 y 17 de noviembre.

Pregunta: ¿Cuáles son las líneas principales de este congreso?
Respuesta:
El 21 Congreso de Católicos y Vida Pública tiene como tema la libertad de enseñanza y como título “Libertad para educar, libertad para elegir”. Por tanto, todo en él gira en torno a esa acuciante cuestión que es la libertad de los distintos miembros de la comunidad educativa para decidir el modelo que se prefiere desarrollar en un centro, y muy especialmente la de los padres para elegir la clase de educación que desean para sus hijos. Con ello, el Congreso se inserta en la preocupación mostrada por la ACdP por esta cuestión al convertirla en tema prioritario del año en la asamblea de octubre de 2018.

P: ¿Qué sentido tiene hoy día un Congreso Católicos y Vida Pública?
R:
El mismo que cuando se fundó hace 21 años: ser un punto de encuentro de los católicos en torno a los temas que en cada momento suscitan el interés de la sociedad y de la Iglesia. Un punto de encuentro, de reflexión y debate para conocernos mejor, comprender el mundo que nos rodea y salir a él con espíritu apostólico renovado para restaurar todas las cosas en Cristo. Los Congresos han sido también y deben seguir siendo un lugar privilegiado para el testimonio, un laboratorio de ideas y actitudes para hacer presente en el mundo la existencia de la Verdad, el Bien y la Belleza.

P: ¿A quiénes va dirigido este Congreso?
R:
En principio, a católicos comprometidos en el ámbito de la educación. Pero también a otras personas que deseen conocer la situación y las perspectivas de la libertad de educación en España y en nuestro entorno.

P: ¿Cree que los medios de comunicación prestan suficiente atención al desarrollo del Congreso?
R:
Evidentemente, no. Y eso a pesar de la indudable categoría de las ponencias y de los diversos actos tradicionalmente programados. Esperemos que este año cambie la tónica…

P: ¿Cree que la sociedad española está concienciada sobre la necesidad de defender la libertad de educación? ¿Y los católicos españoles?
R:
Ni los españoles en general, ni los católicos en particular se muestran muy concienciados sobre la importancia de la libertad educativa y lo que está en juego. Precisamente por ello, la ACdP, además de dedicar el Congreso de este año al tema, decidió lanzar una gran campaña de concienciación, plasmada en la plataforma “yolibre.org”. Está teniendo una gran acogida en la medida en que está poniendo los medios para que muchos ciudadanos comprendan lo que la libertad de educación puede influir en sus vidas y en la de sus hijos. La enseñanza nunca es neutral y si no somos conscientes de que hemos de procurar para nuestros hijos la que consideramos adecuada, acabarán educándolos en otros principios y valores.  

P: Como historiador ¿qué papel desempeña la libertad de educación en la Historia de España?
R: La libertad de educación no ha sido vivida como una prioridad en España porque siempre pareció más urgente asegurar una educación sin más a una población que hasta mediados del siglo XX presentaba enormes tasas de analfabetismo. Además, al ser España un país muy mayoritariamente católico, parecía lógico que la educación se ciñera, de una u otra forma, y no sólo en lo religioso, a los valores imperantes y ampliamente compartidos. Y básicamente así era. Está claro que ese panorama ha desaparecido, que hoy vivimos en una sociedad plural en la que cada confesión religiosa, y otras expresiones de ese pluralismo, deben velar para que sus hijos sean educados en el entorno y en los valores que le son propios. De no ser así, ello no significará que habrá una educación general válida para todos, antes bien que los niños quedarán sometidos al pensamiento dominante, hoy a lo políticamente correcto.

P: ¿Qué acciones hacen falta para motivar a los católicos en la defensa de la libertad de educación?
R: Personalmente echo de menos un mayor compromiso de los grandes actores de la comunidad educativa católica con la libertad de educación. A menudo ésta cuenta mucho menos que otros intereses. En España existe un temor reverencial al poder, un poder acostumbrado a salirse siempre con la suya cuando de los católicos se trata. Por ejemplo, cuando se ha intentado perturbar la vida de centros católicos desde el poder político mediante la aplicación puntillosa de normas abusivas y atentatorias contra el ideario de los centros, no he visto ni veo la adecuada reacción.  

P: ¿Qué aporta la educación de inspiración católica en una sociedad pluralista?
R: La educación católica, cuando verdaderamente lo es, tiene que estar firmemente asentada en los valores del Evangelio. Por tanto, lo que aporta a la sociedad es lo que el cristianismo le aporta. Para algunos eso no vale nada, pero los cristianos sabemos que es la sal y la luz del mundo. Otra cosa es que como educadores estemos teniendo éxito en esa misión y en la fundamental de la transmisión de la fe a las nuevas generaciones. El margen de mejora es inmenso.

P: ¿Cómo se eligen los temas y los ponentes del Congreso?
R:Existe una Comisión Ejecutiva del Congreso, compuesta por unos veinticinco propagandistas, a la que se somete todo el programa del Congreso. Su colaboración y ayuda es imprescindible.

P: Háblenos sobre los ponentes…
R
: Hemos de hablar en primer lugar del conferenciante en el acto de presentación del Congreso, el 7 de noviembre, una semana antes de su comienzo. Como es sabido, será S.E. el Cardenal Robert Sarah, una de las grandes personalidades de la Iglesia actual, cuya presencia ha levantado gran expectación. En el Congreso como tal contaremos con Franco Nembrini, autor de obras fundamentales para la renovación actual de la visión católica de la educación; con Francisco José Contreras, uno de los grandes intelectuales católicos del momento, y con el rector Vicente Navarro de Luján y el profesor José Manuel Amiguet, promotores de la plataforma YoLibre a la que ya me he referido. No obstante, la gran novedad va a consistir en la existencia de siete talleres, encomendados a importantes especialistas, en cuyo seno los congresistas podrán leer sus comunicaciones y debatir directamente sobre el tema que previamente hayan escogido. Queremos un Congreso en clave de participación.

P: ¿Cuáles son los principales retos para la libertad de educación hoy día en España?
R: Quizá el principal es que la sociedad comprenda que se trata de un derecho reconocido en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en la Constitución, no de una concesión graciosa del Gobierno o del partido de turno. Y se movilice en su defensa para asegurarlo en favor de los niños y jóvenes que son sus beneficiarios finales. Todo lo demás debería venir por añadidura: las cuestiones relativas al ideario de los centros y su respeto escrupuloso por las autoridades; las referentes a financiación, único medio de asegurar el efectivo derecho de elección por parte de los padres, y las que crean hoy limitaciones inaceptables a la iniciativa empresarial o apostólica para la creación de nuevos centros allá donde resulte conveniente o se demande. Y no olvidemos, en muchas provincias españolas, la imposición lingüística, con grave quebranto de la libertad de profesores, alumnos y padres en este asunto esencial.

P: Después de varios años en Montepríncipe, el Congreso vuelve al campus de Moncloa de la Universidad CEU San Pablo. ¿Qué ha motivado esta decisión?
P: El deseo ampliamente compartido de los congresistas, que fue expresado en la Comisión Ejecutiva del Congreso y obtuvo allí un amplio respaldo. Un efecto también del recuerdo que han dejado aquellos Congresos, de tanta trascendencia para el catolicismo social de aquellos años.

P: El Congreso Católicos y Vida Pública ha tocado muchos e importantes temas en las 20 ediciones que lleva hasta la actualidad. ¿Qué nuevas líneas cree que serían interesantes para plantear en los próximos Congresos?
R: Los temas son inagotables, nunca tendremos problema para elegir uno de suficiente importancia. Sin adelantar nada, puesto que aún estamos preparando el de 2019, creo que los católicos que actuamos en la vida pública tenemos que seguir dando la batalla en los tres asuntos irrenunciables a los que nos llamó Benedicto XVI: vida, educación y familia. En esos nos lo jugamos todo y no debemos darlos por perdidos.

 

 

Rafael Sánchez Saus