15/11/2025
La mesa redonda ‘Dios y la Ciencia’, celebrada durante la segunda jornada del 27 Congreso de Católicos y Vida Pública, ha reunido a María de Ujué Moreno, profesora de Bioquímica y Genética de la Universidad de Navarra; Enrique Solano, presidente de la Sociedad de Científicos Católicos de España; y a Lluis Oviedo, catedrático de Antropología… Seguir leyendo Ciencia y fe dialogan en el Congreso de Católicos y Vida Pública

La mesa redonda ‘Dios y la Ciencia’, celebrada durante la segunda jornada del 27 Congreso de Católicos y Vida Pública, ha reunido a María de Ujué Moreno, profesora de Bioquímica y Genética de la Universidad de Navarra; Enrique Solano, presidente de la Sociedad de Científicos Católicos de España; y a Lluis Oviedo, catedrático de Antropología Teológica, un encuentro moderado por del catedrático de Química Javier Pérez Castells.
Esta mesa redonda ha permitido analizar, desde distintas perspectivas, cómo la fe y la ciencia pueden relacionarse en un mundo en el que la comprensión de la realidad exige abordar ambas dimensiones. Desde el inicio de la conversación se ha planteado si Dios es ‘cosa de la ciencia’ y si la fe católica se encuentra enfrentada al conocimiento científico. Los participantes han coincidido en que la ciencia es esencial para entender el mundo, pero no puede abarcar todas las preguntas.
María de Ujué Moreno ha recordado que Dios no es objeto de las ciencias experimentales, aunque ha señalado que la naturaleza puede ayudar a comprender cómo es, porque “la que conoce es la persona”, que está capacitada para “mirar más allá de lo medible”. En esta línea, ha destacado que existen formas de conocimiento compatibles entre sí, como muestra la famosa idea de que “un poco de ciencia aleja de Dios; mucha, acerca”.
La reflexión se ha ampliado hacia la cosmología y la evolución. Enrique Solano ha explicado que el modelo del Big Bang apunta a un momento concreto de nacimiento del universo, pero sin que se sepa qué ocurre o cuándo fue el instante exacto de dicho comienzo; lo que ha dado pie a errores tanto al usarlo como prueba de la existencia de Dios, como al emplearlo en sentido contrario. También ha subrayado que la ciencia no puede diseñar un experimento que demuestre o refute a Dios, del mismo modo que no puede reproducir en un laboratorio el origen del universo.
En el campo de la evolución, Javier Pérez Castells ha recordado que no se trató originalmente de un debate polarizado entre creyentes y ateos; que la comprensión dinámica de la vida rompió con visiones estáticas anteriores y cuyos fundamentos permiten hacernos conocedores de que somos partícipes de la Creación, que todavía no está culminada.
La mesa redonda también ha abordado la vida humana desde una perspectiva antropológica. Ujué Moreno ha insistido en que el ser humano es cuerpo y alma, una unidad que no puede reducirse a materia. “Su vulnerabilidad biológica y existencial, incluida la necesidad de los otros desde el inicio y la presencia exclusiva de enfermedades mentales en la especie humana, revela dimensiones que no se explican solo a partir de procesos químicos”, ha explicado. Al mismo tiempo, Lluis Oviedo ha advertido que la interpretación de la realidad exige prudencia para no simplificar en exceso la relación entre ciencia y teología, recordando que en este terreno “hay que hilar muy fino”.
La segunda parte de la mesa se ha centrado en los debates más actuales entre ciencia y fe. Ujué Moreno ha identificado la edición génica como uno de los temas más urgentes, señalando que la capacidad de reescribir genomas introduce un cambio de paradigma, especialmente en lo que afecta a las células germinales. Ha subrayado, además, que “el dolor y la muerte tienen sentido, y eso falta en nuestra sociedad”, invitando a reflexionar sobre la orientación ética de estas tecnologías.
Por su parte, Enrique Solano ha situado el transhumanismo como otro de los grandes puntos de tensión, al distinguirlo de la medicina: “Mientras esta repara lo dañado, el transhumanismo busca potenciar lo que ya está sano”, ha apuntado.
Pérez Castells ha añadido el debate sobre el determinismo, que presenta al ser humano como una máquina cuyas decisiones estarían determinadas por mecanismos cerebrales. En este sentido, Lluis Oviedo ha planteado la cuestión del mal, explicando que “la ciencia describe procesos desajustados, pero no habla del mal en sí, lo que obliga a pensar cómo articular una visión de la creación que tenga en cuenta estas realidades”.
En conjunto, la mesa redonda ha mostrado la necesidad de un diálogo riguroso entre ciencia y fe, capaz de reconocer los límites de cada ámbito sin oponerse mutuamente: “La ciencia ha permitido abrir interrogantes y la fe ha ofrecido claves para interpretarlos, revelando que ambas miradas, lejos de excluirse, se enriquecen cuando buscan comprender con honestidad la verdad del mundo y del ser humano”.
